Entresueño Buzo de Lavabos

21.11.06

Capitulo I

I

Por donde comenzar… probablemente tú sepas como es esto: trazar rumbo por cúmulos de ausencia, con la luna como única testigo y compañía… pero claro, siempre en su omnisciente papel.

La ciudad quema desde el otro lado. Las luces opacan la ternura de una caricia nocturna y las palabras marchitan aquel suelo donde antes habitaban telas.

Miras las estrellas y te sorprende cuan vasta es su cobertura, pero te preguntas si acaso, aún siendo tantas esparcidas en ese paño, estarán al tanto de cuan juntas están. Conversaran entre ellas? O peor aún, se maravillaran entre ellas?

Esas noches imagino que las estrellas son como las personas; esparcidas en la inmensidad de la noche, brillando cuan propio pueden hacerlo, pero siempre desde un plano distante. Cuan lejos cree que esta una estrella?

Es en esos momentos en que reaparecen esos asientos, ocupados un tiempo, para decir presente con ida voz, remontándote hacia esas paginas un poco empolvadas; un poco dejadas.

A tu disposición tienes todo el espacio de la noche, total, quien deambula a estas horas. Así que ocupas cada espacio, empapelando con cuanta risa, abrazo, llanto o mirada recuerdes. Yo por mi parte prefiero detenerme en uno por vez, tratando hacer mi tiempo, su tiempo. Siempre me encanto con uno en particular:

También es de noche. Estamos sentados alrededor de la mesa. En la radio suena esta típica música francesa, que te recuerda a cafés (y al final siempre es “música francesa” ya que nunca nadie, bueno casi nadie, entiende a cual te refieres). De repente empieza a sonar la voz del Flaco, con su característico olor a tabaco y papel. No sé si ahora habla sobre la desmaterialización de las autopistas o sobre la pareja enmascarada que apareció en las noticias de medio día, reclamando respecto a la denominación que recibió cierta estrella; que a su vista, es su estrella. Naturalmente, la contraparte la pone Naís con su incansable defensa contra los derechos de los ríos. A su ver, es terrible como delegados del grupo de ancianos cambian el rumbo de ríos y nadie penaliza aquello por lo que es: una cruel y pública violación. De represas ni hablar.

Mientras tú tratas de dirimir entre aquel caótico coro, observas como Luna esta inmersa en la batalla contra el corcho y su amada botella. Al parecer hay veces en que la adhesión es más fuerte que dos manos enguantadas.

Te levantas a servirte un poco de café, ya que por la defraudada mirada de Luna, hoy no habrá copas para servir. Entre el desdeñado desorden de Naís buscas algo con apariencia de grano y algún pote en que poner el agua. El hallar una cuchara es campaña inútil. Vuelves a la sala y el Flaco busca algo con que rellenar la tela de arroz. Tú lo acompañas y salen a las dos ventanas cuadradas que dan hacia la calle, mientras el par de encantadas ensayan un tango no aprendido.

Desde su ventana, el Flaco te pregunta quien reclamará esas cartas desaparecidas que encontraron tras 2 años y 7 meses en la casa de aquel viejo cartero, supuesto amante del rito. Porque si fuera cosa de ver el remitente sería fácil. El problema es que tales cartas no poseen remitente ni destinatario. Son palabras sin identificación. Ante flamante duda la retórica es la única forma de contentar al Flaco y lograr dar una tranquila quemada. Y quien habrá escrito las cartas?

Dejas descansar tu arqueado cuerpo sobre el sillón de Tomas, quien extrañamente no esta acurrucado en el. Las danzarinas hacen una corta pausa en su performance y se sientan, mientras el Flaco besa hasta el último aliento aquella agradecida colilla. Luna se te adelanta y te pregunta si piensas ir con ellos el 29 a la proclama. Por ella… Un escuálido gato se lanza sobre tu regazo y comienza a entonar su ronroneo. A veces, realmente logras hacer tu tiempo, su tiempo. Tiempo… En que momento dejamos que tuviera participe de esto?

En fin, tú sabes como es esto: mientras la ciudad arde, tus pasos dibujan sobre arena, mientras tratas de dar cuenta a esa estrella que en la inmensidad de la noche, no es la única sola.